Como prevenir alergias o intolerancias alimenticias

“Una cantidad sorprendente de alergias alimentarias desaparecen completamente cuando los individuos supuestamente alérgicos aprenden a comer sus alimentos en combinaciones digeribles. Lo que tienen no es alergia…sino indigestión”. Herbert. M.Shelton 1895-1985

Llega la primavera, una estación temida por muchos por el mal trago que les hace pasar: mucosidades, picores, eczemas, caspa, congestión nasal, conjuntivitis, rojeces en diferentes partes del cuerpo…

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Este miedo primaveral hace que mucha gente esté enganchada a los antihistamínicos de farmacia para no tener que volver a padecer estos síntomas que no son más que mensajes que nos da nuestro cuerpo para decirnos que hay algo en el exterior o algo que ingerimos que no asimilamos. Y por eso, el organismo intenta eliminarlo como buenamente puede.
Los que nos ocasionan las alergias suelen estar a nuestro alrededor diariamente como la pelusa de animal, el famoso polen, el polvo (los ácaros), los hongos o algún alimento, pero sería mejor decir algún ingrediente o contaminante que está presente en el alimento en cuestión.

La sustancia que provoca la alergia se le llama alérgeno o antígeno, es decir, sustancia que al introducirse en nuetro organismo provoca la formación de anticuerpos. Las inmunoglobulinas, palabra ya bastante conocida por todos, son anticuerpos, sustancias proteínicas que desarrolla nuestro cuerpo para perseguir al invasor, neutralizarlo, frenarlo y exterminarlo.

Veamos los dos tipos de alergias más conocidas:

– Alergias fijas o anafilaxis alimentariaSus síntomas son graves e inmediatos con origen genético y “para toda la vida” (NO es así, porque se puede reprogramar la información del organismo, hay personas conocidas que lo han conseguido). Los más comunes son los cacahuetes, el marisco, los frutos secos, los huevos… Con una mínima cantidad de cualquiera de estos alimentos hace que nuestro sistema inmunológico se estrese y aparezca el caos liberando grandes cantidades de sustancias químicas inflamatorias, las llamadas histaminas. Entonces, nuestra garganta y lengua se hinchan y las toxinas provocan espasmos en los bronquios en tan solo unos minutos o al cabo de unas horas de haber ingerido el alimento.
En estos casos los afectados se van a urgencias a que les inyecten adrenalina (sus reservas están al mínimo) que contraataca los efectos de la histamina abriendo las vías de aire para poder respirar de nuevo.
Es una alergia bastante peligrosa ya que hoy en día hay muchos alimentos envasados que pueden llevar algún ingrediente que sea la causa de todo este drama.

Asma: ¿Qué nos ahoga? ¿Quién no nos deja ni respirar?

También existen unos medicamentos que forman parte de la vida de los alérgicos, los antihistamínicos, también llamados antagonistas de los receptores de H2, que bloquean la acción de la histamina pero con efectos secundarios como dolores de cabeza, mareos, boca seca, sarpullidos, estreñimiento, diarrea, fatiga, reducción en la absorción de nutrientes. Un medicamento más que tapa el síntoma pero no la raíz y además nos trae otras enfermedades.
– Alergias cíclicas o acumulativas: Aparecen cuando comemos de forma continuada y repetitiva un mismo alimento. Mucha gente no relaciona esta alergia o síntoma con la comida, o no quiere ser consciente de ello ya que los lácteos y derivados o el trigo suelen ser los culpables. Lo que pasa es que la reacción no aparece horas o incluso días después de ingerir el alimento en cuestión. Por tanto, es más difícil identificar cuál es el alimento culpable. 
Por tanto, la diferencia con la anterior alergia es que aquí lo importante es la cantidad. Si tomamos un pequeña cantidad de cierto alimento puede que no nos cause problemas pero si tomáramos el doble de cantidad podrían aparecer los síntomas. 

imagesHipócrates decía: “Cuando alguien toma dos veces en un mismo día el mismo alimento que tenía por costumbre tomar una sola vez, puede ser el comienzo de una enfermedad grave”.

Sería interesante hacer de detective para averiguar cuál es el alimento causante de nuestros problemas.

Si el alimento se elimina durante unas semanas o meses se puede más adelante volver a introducir pero tomándolo de vez en cuando y encontrando el de mejor calidad.

Cada día me encuentro a más gente con problemas de piel. ¿Es el alimento en si o los aditivos que lleva?

No hay que confundir alergia con intolerancia alimentaria. La intolerancia alimentaria es la pérdida de la habilidad para digerir un alimento por culpa de una deficiencia enzimática como la intolerancia a la lactosa (azúcar de la leche de vaca) que es cuando hay una deficiencia de la enzima lactasa. Otra sería la conocida intolerancia al gluten que provoca una gran reacción a nuestro sistema inmunológico e intestinal (hablaremos de ella más adelante).
También existe la sensibilidad alimentaria que suele ser consecuencia de un síndrome de intestino irritable y crea problemas digestivos, hinchazón, náuseas y mente confusa. Al principio afectan al sistema digestivo pero luego pueden crear dolores articulares o erupciones en la piel. Suele ocurrir cuando nuestro nivel de ácido en estómago es bajo o por falta de alguna enzima digestiva, lo que llamaríamos una mala digestión.
El factor emocional es también muy importante ya que el estrés, la tensión y la preocupación bajan los niveles de anticuerpos llamados IgA secretorias que protegen la pared intestinal de los ‘invasores’. Así, nuestras membranas intestinales se hacen más permeables y se inflaman siendo el organismo más susceptible a los ataques de bacterias, hongos empeorando nuestra inmunidad y apareciendo las temidas alergias alimentarias. Por tanto, la primera zona de nuestro cuerpo que pierde riego sanguíneo por no cuidar de nuestros problemas emocionales es el intestino. ¿Quién no le ha entrado diarrea cuando ha tenido un gran susto o ha tenido estreñimiento cuando se ha encontrado en una situación de mucho estrés o incomodidad?.

Una alergia es una reacción exagerada del sistema inmunológico ante un agente externo. Una de las causas emocionales que nos hacen propensos a las alergias sucede cuando perdemos el control y el entendimiento de nuestras emociones y reaccionamos exageradamente a las situaciones y experiencias de la vida. La angustia, la ansiedad prolongada, un temor de no ser amados y aceptados provocan un desgaste anímico que nos mantiene en constante irritación, a la expectativa de que algo nos agreda o nos quite la felicidad o el bienestar que necesitamos. Cuando sentimos que muy a menudo nuestra confianza y amor son amenazadas por las circunstancias externas, tendemos a crear un estado defensivo que a la larga puede manifestarse y agudizar los cuadros alérgicos. El “no tolerar” ciertas situaciones, personas, etc. es también causa energética que crea debilidades en el sistema inmunológico. Esta hipersensibilidad, si no es tomada en cuenta y solucionada,  va en aumento no solo en nuestro carácter sino que esta se llega a reflejar en nuestro estado de salud.

Otro anticuerpo que se ve afectado por diferentes parásitos que provienen de la comida creándonos alergias es la IgE (sus niveles se elevan tanto en alérgicos como en personas que sufren de algún parásito). Ésta responde a muchos parásitos, entre ellos la Trichinella que proviene de comer cerdo (embutidos, jamones…), desencandenando asmas, urticarias, mucosidad, inflamaciones, descomposición intestinal… ya que la IgE libera histamina como una manera de proteger al sistema inmunitario de los ‘invasores’.
Hay otras sustancias llamadas aminas vasoactivas que se generan cuando las bacterias y hongos alcanzan los alimentos produciendo fermentaciones y putrefacciones. Las aminas aumentan la permeabilidad intestinal provocando dolores abdominales, ralentizando el tiempo de la digestión, creando borgorigmos (ruidos de tripas), heces malolientes, indigestión, eructos, gases…

Antes de comentar algunos de los culpables alimenticios de nuestras alergias, quiero hacer mención a las enzimas digestivas, muy importantes para el buen funcionamiento de nuestro organismo. Tenemos tres enzimas esenciales: La proteasa que se encarga de asimilar las proteínas, la amilasa (se encuentra en la saliva) que descompone los hidratos de carbono complejos que provienen principalmente de los cereales y la lipasa que trabaja con la bilis para digerir las grasas.

Si nuestra bilis no fluye correctamente tendremos problemas hepáticos y de vesícula biliar. Las bacterias malas y las toxinas se multiplicarán y las grasas no se digerirán. Tendremos hinchazón, flatulencias, indigestiones, dolores de cabeza, estreñimiento y alergias porque nuestro hígado no funcionará correctamente y la bilis está demasiado concentrada creando a la larga cálculos biliares. Y si el páncreas no produce la cantidad correcta de enzimas o las destruye nuestra digestión se verá afectada creando molestias abdominales, indigestión, gases y heces con restos de alimentos sin digerir. Tanto las enzimas del páncreas como la bilis tienen la misión de liquidar las bacterias y hongos para que no se instalen. Si estos bichos se instalan se alimentan de nuestra comida, nos roban nutrientes creando putrefacción y en definitiva toxicidad. Una vez estamos en estas condiciones es cuando aparecen las alergias, cándidas e infecciones reduciendo nuestro sistema inmunitario.
Después de adentrarnos en el interior de nuestro cuerpo para entender qué es lo que está pasando, tengo que decir que mucha culpa la tiene la alimentación industrial que llevamos a diario.

Actualmente casi todo lo que comemos y bebemos está adulterado y muchas veces son los aditivos alimentarios y otros residuos químicos y no el alimento en si quien nos causa la alergia o la intolerancia. Quiero que nos quede bien claro, son  los residuos de fármacos, los colorantes artificiales, las hormonas y otros productos químicos presentes en los alimentos que nos ofrece la industria alimentaria los que alteran nuestro sistema inmunológico.
Tenemos el zumo de naranja envasado, un alérgeno corriente difícil de digerir y todos los alimentos que contienen ácido cítrico (E330 en las etiquetas de los alimentos) que es muy agresivo en los estómagos delicados, por tanto debemos evitar vinagres, aliños preparados, tomate envasado, que producen un exceso de ácido en nuestro estómago. Otro ejemplo es el azúcar blanco (hoy en día incorporado en casi todos los alimentos que compramos en el super) que además de robarnos nutrientes y aumentar nuestros niveles de azúcar en sangre, ralentiza el trayecto de los alimentos haciendo que nuestra flora intestinal se alimente de azúcar causando mayor efecto sobre las bacterias intestinales creando putrefacciones y ésto significa enfermedad como artritis, infecciones…

Muchos bebés y niños pequeños son alimentados con alimentos que sus órganos, todavía sin desarrollar, son incapaces de asimilar.

Y para acabar, el gluten, una proteína viscosa del trigo, centeno, cebada y avena que causa daños permanentes a las células de la pared intestinal creando la, ya conocida, celiaquía que crea gases instestinales, diarreas, hinchazón con la pérdida de peso y nutrientes y nos deja indefensos, sin armas para superar enfermedades e infecciones. Las células del intestino delgado que son las responsables de la absorción se inflaman al entrar en contacto con la gliadina que contiene el gluten. Por tanto, mucha gente que deja de tomar gluten recupera su salud rápidamente. Hay que decir que muchos casos de intolerancia al gluten son producidos por introducir demasiado pronto el trigo en la alimentación del bebé. Por tanto, si los cereales se introducen cuando el aparato digestivo está preparado para ello no tienen por qué aparecer problemas de intolerancia.
Si, por alguna razón, decidimos abandonar por un tiempo el gluten, tenemos que ser conscientes que está en muchos alimentos envasados, embutidos, fiambres…la industria alimentaria lo utiliza como espesante en muchos de sus productos.

Pero ya empieza a ser reconocido que la raíz de la celiaquía proviene de la alteración genética de los granos que utiliza la industria alimentaria. Desde 1988 se viene utilizando harinas elaboradas a partir de cinco variedades de grano con la información genética alterada por medios artificiales. Son fruto de mutaciones provocadas por irradiación con rayos gamma (restos de las centrales nucleares en desuso). El resultado es un trigo con un gluten más viscoso que lo hace de una cualidad simple, rápida y barata para la elaboración de los productos actuales, pero que merma nuestra salud día a día ya que resulta imposible de digerir.

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Pero, ¿qué alternativa está dando la industria de la dietética? 

Pues muy sencillo, como hoy en día hay gluten en casi  todo, varias marcas han aprovechado esta ‘enfermedad’ para hacer pseudo- alimentos a base de sustancias químicas y aditivos para poder seguir disfrutando de galletitas, panecillos, pastas, etc. Pero lo que muchos celíacos no se han planteado es que han pasado de comer basura a comer basura química. No es la verdadera solución al problema. A la larga muchos celíacos tienen otros problemas, sobre todo hepáticos, ya que basar su alimentación en productos químicos trae grandes descompensaciones nutricionales y nuevas enfermedades. Y lo que más me fastidia de todo es que los celíacos tienen que pagar ‘una pasta’ (nunca mejor dicho) por estos productos manufacturados en laboratorio. Un celíaco puede llevar una vida normal alimentándose nutritivamente sin tener que comprar estos productos de plástico.
Veamos lo que lleva la Masa de pizza sin gluten de una marca conocida: Agua, almidón de maíz (azúcar), harina de arroz, fécula de patata (azúcar), jarabe de glucosa (azúcar), levadura (E-500, E-450 y E-170), espesante, harina de guar, emulsinante E-471, gasificante tartrato monopotásico, carbonato, ácido de sodio, dextrosa (azúcar), proteínas de leche, sal, acidificante, ácido tartárico, ácido cítrico (E-330), aromas.
Todos estos aditivos son los causantes de urticarias, edemas, desórdenes digestivos, descalcificación en niños, cálculos renales, osteoporosis, entre otros problemas.
Dejamos de tomar trigo porque somos intolerantes y nos enferma para pasar a tomar pseudo-alimentos sintéticos que tomados a diario harán que enfermemos de nuevo y nos dejarán con los bolsillos vacíos por su precio elevado. Una simple masa de pizza sin gluten sólo necesitaría agua, sal marina y harina de arroz o alforfón (trigo sarraceno), nada más.

Así que concluyo repitiéndome, antes de echarle la culpa a tu organismo o a tu sistema inmunitario, echa un vistazo a tu despensa y mira realmente lo que estás metiendo en tu cuerpo. Sé consciente que muchas de las alergias actuales podrían evitarse llevando una nutrición con productos de temporada, frescos y sin aditivos añadidos. También decir que, soy consciente de que cada vez nos será más difícil encontrar calidad en los productos frescos como en los pescados, las carnes y las verduras por muy ecológicos que sean.

Aditivos causantes de alergias:
– E123, amaranto. Pesa la sospecha de una acción cancerígena, al tiempo que puede provocar reacciones alérgicas en individuos sanos.
– E131, azul patentado, colorante azul que se emplea para conseguir tonos verdes al combinarlo con amarillos, como el E102 y el E104. Se unas en conservas vegetales, mermeladas, dulces o bebidas.
– E180, pigmento rubí, la normativa europea autoriza el pigmento rubí como sal de calcio o de aluminio y lo reserva casi exclusivamente para teñir de rojo la corteza de los quesos.
– E220 al E228, los sulfitos, para la elaboración de vinos y mostos, pueden producir alergias, diarrea, utricaria, fuertes dolores de cabeza y vómitos. Su uso en frutas y hortalizas crudas ha sido prohibido en USA y Canadá, pero en nuestro país forman parte habitual de vino, cerveza y frutas desecadas, ensaladas preparadas y hortalizas.
– E210 al E213, el ácido benzoico, para conservas de marisco,caviar, bebidas refrescantes, zumos, mermeladas, jaleas, yogures, conservas y de otros condimentos, se conservan tan ‘frescos’ como el día en que se prepararon.
 E230 al 233, el difelino, penetran en las frutas y no se van con el lavado, lo utilizan para el tratamiento superficial de cítricos (naranjas, limones) y plátanos, produciendo irritaciones en los ojos y en la nariz.
– E300, ácido L-ascórbico (vitamina C), antioxidante y agente para el tratamiento de la harina y usado en muchos productos envasados.
– El bromato potásico, usado con frecuencia en los productos cocinados al horno.
– Las parafinas o ceras (vamos, petróleo puro y duro), se utilizan ampliamente en frutas, hortalizas y caramelos para darles un aspecto brillante y bonito y para retrasar la pérdida de humedad y descomposición. Las ceras se elaboran a partir de aceites vegetales, derivados del aceite de palma, resinas sintéticas (también empleadas en cera para coches y suelos) y otros materiales. Las ceras fijan los insecticidas y fungicidas, haciendo que resulte imposible eliminar estas sustancias lavando las frutas y hortalizas. Hay que lavarlas y pelarlas y lavando previamente el cuchillo utilizado para luego cortarlas como queramos.

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